Villa de Arcos de la Llana

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Historia

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Arcos de la LlanaArcos de la Llana, un rincón de Castilla la Vieja con raíces milenarias, ha decidido divulgar algunas de las claves de su esplendoroso pasado histórico y de su presente lleno de esperanzas.
Quizá muchos ignoren que en su seno se vivieron momentos estelares de la historia de España. El nombre de Arcos se encuentra unido, estrechamente vinculado, a la figura triste de una Reina desgraciada, Doña Juana, y a la del Rey Fernando, El Católico.
Los pueblos, sin embargo, saben bien que ni pueden, ni deben, estar sólo volcados en su pasado, aunque todos sabemos que el ayer influye en el presente. Por esto, tal vez, el espíritu y la esencia de sus gentes se encuentran imbuidas de las más profundas y ancestrales concepciones hidalgas que hicieron posible y lo sigue haciendo la regeneración castellana.

Como ocurre con tantos y tantos lugares, en Arcos, situado en el fondo de un ancho y dilatado vallecillo henchido de historia y de gestas, encuentra siempre el caminante la sabiduría de un pueblo y gentes sencillas, recias y serenas.
Historia, arte, paisaje, costumbrismo, folklore, artesanía, fiestas, actividades y vida cotidiana, austera y sencilla, son los nuevos blasones de un pueblo lleno de escudos y emblemas nobiliarios…

 

Un poco más de Historia

Arcos de la Llana, surgió probablemente sobre un antiguo doblamiento anterior (d. Luciano Huidobro de la Serna descubrió un yacimiento romano, “de escasa importancia” según el mismo autor, cuyos hallazgos quizá correspondan a los términos “Llano Corral “ y “San Lázaro”).

Pero si han quedado casi borradas las huellas de la prehistoria (una tortuga fosilizada hallada en Arcos se encuentra en el Museo Arqueológico Provincial), en algunos documentos escritos de mediados del sigo X ya aparece la villa de Arco s(957). Un siglo después, el 9 de diciembre del año 1072, el Rey Alfonso VI entrega la villa, con todas sus pertenencias, a la Abadía de S. Pedro de Cardeña. Esta situación varió poco después cuando uno de sus sucesores, Alfonso VII, hizo donación solemne del Hospital del Emperador con todas sus pertenencias a la mitra burgalesa, ostentado desde entonces los obispos y arzobispos de Burgos el título de señores de Arcos, en cuyo recinto tuvieron los prelados durante siglos un confortable palacio. Pero la villa de Arcos no sólo estuvo vinculada a la corona, al monasterio de S. Pedro de Cardeña o a la mitra burgalesa. También mantuvo estrechos vínculos con el municipio burgalés, pues al conceder el Rey Alfonso VI a la ciudad de Burgos dominio sobre el alfoz o territorio al que debiera de manera efectiva extenderse su jurisdicción, incluyó la villa de Arcos entre los lugares sometidos al Regimiento de la ciudad.


Sin duda, por esta razón, por la proximidad a Burgos, (apenas 9 Km la separan de la capital) por la reiterada permanencia de los prelados burgaleses en la villa de Arcos –en más de una ocasión confirieron órdenes sagradas y administraron el sacramento de la confirmación- y el evidente aprecio que les otorgó el municipio, hizo que en 1565, con ocasión de la peste, el Regimiento de la ciudad de Burgos se trasladará durante varios meses a la villa de Arcos. Dos hitos más merecen ser destacados en este breve recorrido por la historia de la villa. En primer lugar, la estancia de Arcos (1507) de la Reina Dª Juana la Loca, con el cadáver de su esposo, D. Felipe el Hermoso, poco antes de ser encerrada definitivamente en tierras de Valladolid. La presencia de la Reina y su corte en Arcos y las frecuentes visitas de D. Fernando el Católico hicieron de la villa centro de importantes decisiones políticas.
Por otra parte, Arcos fue extraordinariamente conocido a nivel nacional pro sus famosas “injerteras” o viveros de árboles “de fruto y no fruto” que convirtieron su amplio término municipal en un verdadero bosque de plantones que, en disputada concurrencia comercial, inundaban los mercados de la Rioja, tierras de Toro, Madrid, la Alcarria y Toledo, entre otros muchos lugares.


Teniendo en cuenta los datos históricos reseñados, no es de extrañar que en el siglo XIX, Pascual Madoz se hiciera eco en su Diccionario Histórico Geográfico del renombre de la villa, así como de la existencia de vario palacios de la nobleza burgalesa que tenían allí su segunda residencia, junto con el Palacio Arzobispal construido en el siglo XVI por el Arzobispo D. Cristobal Vela: “Hay además otros tres palacios, de los que dos corresponden al conde de Berberana, y el otro al marqués de Lorca; uno de aquellos está en buen estado, otro en mediano y el último bastante derruido” Por último, desde el punto de vista de la administración eclesiástica, la parroquia de Arcos fue hasta hace muy poco tiempo cabeza de vicaría integrada pro diecinueve villas y lugares que se reunían en torno a su arcipreste para el estudio de casos morales y el buen funcionamiento pastoral del entorno de la villa arqueña.

 

Las Cuatro Tazas de Plata

Las cuatro tazas de plata, propiedad del Ayuntamiento de Arcos de la Llana (Burgos), llevan una misma inscripción, que corresponde a lo reglamentado entonces. Además figura incisa la fecha: 1843. Troquelados en el borde inferior del recipiente están: el signo del marcaje de Burgos y los apellidos del platero autor de las piezas y del marcador que daba fe de la ley y calidad del metal empleado; en este caso, plata.
La marca de Burgos se corresponde con el escudo de loa ciudad: Una cabeza coronada y en busto, tres castillos. El artífice firma FRESNO, y el marcador BLAS. Claudio Fresno está documentado entre 1801 y 1849. Se sabe que estuvo casado con Isabel Ruiz y que además de platero fue "fiel almotacén" (encargado del contraste) de la ciudad de Burgos, a partir de 1849. Trabajó para la catedral de Burgos y para diversas parroquias de la ciudad y provincia.


Estas tazas se daban en custodia a los concejales mientras duraba su mandato.
Datos tomados del libro "La platería burgalesa: Plata y plateros en la Catedral de Burgos", de Mª Teresa Maldonado Nieto.

Las cuatro tazas de plata
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